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Masculinidad palabras y estereotipos

Masculinidad palabras y estereotipos

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Pero no nos engañemos, no es sólo un estereotipo más. Lamentablemente, la masculinidad ocurre como una retorcida forma de control sobre las personas: todo pudiera ser más fácil siendo varón y masculino. Semejante método de control social necesita un opuesto, un ser complementario (lo femenino). Alguien débil y pasivo que necesita protección y expresar sus emociones: un objeto de deseo. No tan interesada en el sexo por sexo, sino con miedos y necesidades de todo tipo. Atiende a los detalles, por lo que su mirada dulce y empática no podría enfrentarse a la dureza del mundo: mejor quedarse en casa y cuidar para ser respaldada. Así, masculino y femenino se atraerían, serían complementarios el uno del otro. Las supuestas cualidades positivas y negativas de ambos permiten mantener la situación social sin cambio alguno: por ejemplo, creer en la valentía y fortaleza del hombre permite el sacrificio de sus necesidades y su monopolio de la vida social/política; creer en la emotividad y calidez femenina permite “encerrarla en un lugar seguro” cuidando de los descendientes y situarla a la sombra de un varón. Aceptar otras posibilidades pondría en peligro el control de unos sobre otros. Es decir, poner en peligro que muchos hombres tengan más poder que muchas mujeres, así como que muchos heterosexuales tengan más poder que muchos homosexuales. Todas las diferencias sexuales son reducidas cuando hablamos de ser femenino o masculino. En consecuencia, no son sólo creencias: son valores, ideología y dominación a través de las ideas y la política.

Por si no ha quedado claro, estas ideas de masculinidad desprecian el hecho homoerótico. Que dos personas del mismo sexo sientan deseo y sean complementarias entre sí pone en peligro el control social descrito antes. ¿Por qué si no resulta tan difícil para una persona abiertamente homosexual acceder a un cargo político? De muy sutiles formas el dinero, los cargos políticos, el poder asociado a la religión… suelen ser favorecidos para los varones que se ajusten a determinadas ideas rígidas de masculinidad. En 1975 una antropóloga, Gayle Rubin, desarrolló una idea que nos ha permitido tomar consciencia, el “sistema sexo/género”: la sociedad transforma la sexualidad biológica en actividad humana. En este sentido, las mujeres tienen el privilegio biológico de dar a luz, pero la biología no las encierra en casa como amas de casa. De ahí tanta lucha feminista en las últimas décadas. ¿Y qué pasa con nosotros? los gays traicionamos tales ideas. Según esos valores, pudiéramos como varones someter a las mujeres, pero preferimos relacionarnos como igual, no estamos interesados en tal cosa. Lesbianas, peor aún, rechazan la idea de sometimiento a un varón. Repito, “la sociedad transforma la sexualidad biológica en actividad humana”. Así, la conducta sexual entre dos varones es convertida en un producto cultural, en una actividad que no está al margen de la sociedad donde se vive. Hasta aquí y con lo cual, ¿qué posibilidades tiene un varón gay? Por un lado, con el estereotipo masculino, ¿cultivar su fuerza y violencia contra quién? Quizás, tragarse los propios miedos y necesidades hasta atragantarse, sin buscar ayuda ni explicaciones. Siempre quedaría al menos la pasión sexual hacia su objeto de deseo, ser alguien práctico que hace lo más fácil.

Sin embargo, recuérdese la alta tasa de suicidios cuando tanta homofobia es interiorizada. Por otro lado, con el estereotipo femenino, ser emocional y diplomático; mantenerse con miedos y necesidades de todo tipo. Con certeza, ninguno de los dos nos corresponde, debemos construir nuestro propio género. Cada uno de nosotros pudiera necesitar deshacerse de tales ideas para entenderse a sí mismo. Aparece por tanto algo positivo entre tanta precariedad: los homosexuales, al ser expulsados de tan rígidos estereotipos, podemos ser libres. Gracias al punto de vista en el que vivimos, se nos hace más accesible desarrollarnos por encima de tales ideas. Ser valeroso aceptando nuestros miedos y necesidades; ser prácticos sin olvidar los detalles; cuidar de nosotros mismos. No hablo de ser femenino. Según investigaciones con cuestionario, tanto hombres como mujeres que puntúan alto en feminidad tienen una autoestima más baja. Hablo de estar por encima de ser masculino o femenino. Cada vez más personas reniegan de estos roles. Pero alguien que sólo entiende de ser hombre o mujer, de ser masculino o femenino, tan sólo será capaz de ver pluma. Pensad en una mujer transexual masculina y lesbiana. Se nos hace difícil visualizarlo, ¿verdad?: eso es género; palabras y estereotipos. ¿Existe algo masculino y único en el hombre? Es difícil responder cuando sólo tenemos datos de nuestra cultura, cómo pudiéramos diferenciarlo de la educación. Estas ideas de masculinidad cambian con el tiempo y muchas creencias/ideas son difíciles de traducir de una cultura a otra.

Quizás os interese saber que no existe ninguna característica que todas las culturas hayan juzgado masculinas. En este sentido, no me refiero a reconocer que la mayoría de hombres puedan desarrollar más fuerza física que la mayoría de mujeres, sino que una cultura considere que una mujer fuerte sea menos femenina. Por ejemplo, hablemos de algunas culturas donde sus creencias de masculinidad son difíciles de encajar con nuestra cultura. Quizás hayáis escuchado hablar de los “andróginos” de la mitología clásica, que nos cuenta Platón en su obra El Banquete. Eran seres muy perfectos de cuatro brazos y cuatro piernas, mitad hombre y mitad mujer, a los que Zeus separó como castigo; desde entonces las dos mitades se buscan entre sí, “buscan su alma gemela”. Pero quizás no te hayan contado que también había andróginos de cuatro brazos y cuatro piernas, con dos mitades de hombre; incluso un tercer tipo de andróginos con dos mitades de mujer. Así, en los valores de la mitología clásica, había hombres que buscaban en otros hombres su ser complementario, por obra de la naturaleza. Creían los griegos antiguos que los varones masculinos se sentían atraídos hacia la belleza. La juventud era bella y, por tanto, lo masculino pudiera sentir atracción hacia chicos y chicas jóvenes.

Os sorprenderá saber que en una cultura de Wogeo, en una isla de Nueva Guinea, los adolescentes varones son animados por sus adultos a tener una relación homoerótica con adolescentes de su misma edad. Éstos se dan muestras públicas de afecto que no son permitidas al resto de relaciones eróticas. Se masturban mutuamente y tendrán por encargo cada uno buscarle esposa al otro, lo cual no requerirá terminar con su erótica amistad. Hasta entonces las relaciones cóitales o con mujeres son aplazadas. En muchas culturas del este creen que la capacidad sexual es limitada, como si el semen fuese un líquido vital que pudiera agotarse y consumir al varón por ello. Nos llama la atención un par más de estas culturas, los etoro de Papúa Nueva Guinea y una en Sambia, quienes enseñan a adolescentes que para alcanzar la masculinidad adulta deben antes en su adolescencia “beber masculinidad” (podéis haceros una idea). No justificamos tal cosa: sencillamente, si algo queda claro es que la homosexualidad no es menos masculina, depende sólo del momento y lugar cultural desde donde se mire. Más lejos, lo mismo pudiera decirse de cualquier otra característica de la masculinidad, es una ilusión. Por tanto, puede afirmarse que existen muchas masculinidades. Finalmente, tener pluma no es vergonzoso y puede ser cuestión de orgullo (o, al menos, no es menos digno que ser masculino). Como dicen, “si tu pluma les molesta… clávasela”. Mejor relajarse y ser uno mismo.

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